En el trabajo corporal a través de la danza y la expresión artística, se ponen en juego múltiples variables que se interrelacionan y que complejizan la realidad del profesional de la danza. Una de estas variables es que la danza es una profesión altamente competitiva desde el punto de vista físico: las niñas y niños comienzan su formación alrededor de los 7 años y el momento crucial en el que se define si tiene el talento y la perseverancia necesarias para la carrera en el ballet, ocurre en los difíciles años de la pubertad.

La exigencia directa e indirecta a las que suelen ser sometidos para cumplir con estándares estéticos propios de la actividad, sumada a la continua presión social que prevalece en el sistema de consumo que vivimos, atentan contra su salud en etapas claves del desarrollo: afectando los aspectos corporal, psíquico y emocional, deteriorando en gran medida su calidad de vida y disminuyendo su potencial creativo.

Estas condiciones hacen de los aspirantes a bailarines, bailarines en plena actividad o docentes de la disciplina un grupo de alto riesgo para los llamados trastornos alimentarios (principalmente anorexia, bulimia) y cuando las características o síntomas no se corresponden con el diagnostico de dichas enfermedades, pueden verse afectados por trastornos alimentarios no especificados o TANE. Es importante destacar que la incidencia actual de trastornos alimentarios en bailarines es de alrededor el 20%, y si bien existe una creciente tendencia que incluye nutricionistas y terapeutas especializados en el tratamiento emocional y físico de bailarinas, la anorexia y la bulimia continúan siendo patologías sumamente difíciles de tratar y por ende, de erradicar.

En la actualidad, el trabajo conjunto de profesionales demuestra la necesidad de abordar las problemáticas sociales y de salud desde diferentes puntos de vista, de manera de poder contemplar la mayor cantidad de variables posible y desarrollar propuestas globales.

Entonces, es fundamental que la formación que se proponga en ese ámbito se base en un enfoque integral (incluyendo asesoramiento médico, nutricional, de kinesiología, trabajo psicoterapéutico y corporal terapéutico), que contemple principalmente una acción preventiva, de manera que los futuros profesionales de la danza y los educadores de esta disciplina puedan generar herramientas para mejorar sus hábitos de autocuidado, favoreciendo una relación saludable con su cuerpo y su alimentación y convirtiendose en promotores de salud en su propio contexto (personal y profesional).

La información adecuada y una contención terapéutica apropiada incrementan las posibilidades de prevenir enfermedades crónicas complejas; mejorar el desarrollo físico, emocional y mental de los futuros profesionales de la danza y de sus educadores y potenciar la capacidad expresiva de quienes se forman en este ámbito.

Lic. Andrea Lizarraga

Ilustración: Leah Reena

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Andrea Lizarraga

Soy licenciada en nutrición (UNC), profesora de danza y de Tai Chi, terapeuta corporal (posgrado en el Instituto de Psicoterapia Corporal), especialista en alimentación plant based (posgrados en alimentación adulta y pediatría), formada en Mindful Eating (formación impartida por Jan Chozen Bays), meditadora, estudiante de Medicina Tradicional China y eterna buscadora de conocimiento y prácticas psico-espirituales.

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