Su nombre científico es Persea Americana, pero nosotros la conocemos como Palta, que proviene del quechua y coincide con el nombre de una etnia que habitó en el sur de Ecuador y norte de Perú. De esa zona de su imperio, los incas recibieron un fruto que no conocían y, según las leyendas, le dieron el nombre de sus habitantes. Los arqueólogos encontraron semillas de persea en Perú que fueron enterradas con momias incas que datan del año 750 a.C. y hay evidencias de que se cultivó en México tan temprano como en el 1.500 a.C. Después de la llegada de los españoles y de la conquista de América, como sucedió con muchos otros alimentos, este manjar se diseminó a otros lugares del mundo.

Además de ser una fruta especial por su sabor y textura, tienen muchas propiedades curativas ya que armoniza el hígado, lubrica los pulmones y los intestinos. Es una fuente natural de lecitina y grasas monoinsaturadas, es rica en cobre por lo que ayuda a la formación de glóbulos rojos y es una fuente nutritiva recomendada con frecuencia a las mamás lactantes. También se utiliza como remedio para úlceras y no olvidemos sus propiedades para embellecer la piel.

Para disfrutarla en su punto es importante tener en cuenta que la palta se cosecha y se vende verde. Se sabe que está madura si al sacudirla el carozo se mueve o si el fruto cede a una leve presión del dedo. Si no lo está, dejala a temperatura ambiente durante 1 a 3 días. El proceso puede acelerarse si la envolvés en papel de diario junto con una manzana. Si, por el contrario, está a punto y no se consumirá de inmediato, guardala en la parte menos fría de la heladera (no a menos de 6º) para detener la maduración. Y si una vez madura sólo utilizás la mitad, lo que sobra lo podés conservar en óptimas condiciones para el día siguiente: dejale el carozo, rociala con jugo de limón y guardala en la heladera protegida con papel film o en un recipiente hermético.

Por último, siempre suma guardar algunos carozos (sobretodo si provienen de frutas orgánicas), germinarlos y plantarlos en el patio o en una buena maceta. La planta necesita cariño y cuidados, se toma su tiempo como todo lo bello y profundo, pero que alegría crecer y madurar junto a un árbol que luego nos dará los frutos de su vida…

 

 

Fuente:

– Wikipedia.

– P. Pitchford, Sanando con Alimentos Integrales, ed. Gaia.

 

 

 

Andrea Lizarraga

Soy licenciada en nutrición (UNC), profesora de danza y de Tai Chi, terapeuta corporal (posgrado en el Instituto de Psicoterapia Corporal), especialista en alimentación plant based (posgrados en alimentación adulta y pediatría), formada en Mindful Eating (formación impartida por Jan Chozen Bays), meditadora, estudiante de Medicina Tradicional China y eterna buscadora de conocimiento y prácticas psico-espirituales.

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