Sabías que…

el tomate tonifica el estómago y limpia el hígado, purifica la sangre y desintoxica el cuerpo en general?

Estimula la digestión, calma la sed y alcaliniza la sangre aunque es una fruta ácida. Tiene poquísimas calorías y es una fuente importante de minerales como magnesio, potasio, además de vitamina C y licopeno que son antioxidantes con función protectora.

Si bien están indicados en la mayoría de las dietas, hay que tener la precaución de no consumirlo en grandes cantidades porque debilitan el organismo, con 1 o 2 por día es suficiente. Otro recaudo a tener en cuenta, sobre todo si no son orgánicos, es quitarle la piel y las semillas.

Existe una variedad inmensa de tomates de diferentes colores y sabores, y estoy convencida de que tener una plantita en el jardín o en una maceta nos contacta con el origen de nuestros alimentos y el ciclo vital que cada fruto debería completar antes de llegar a la mesa.

Podes usarlo en infinitas recetas y combinaciones: jugos, dulces, sopas como el gazpacho (ideal para el calor), ensaladas, salteados, salsas. Frescos o deshidratados, lo ideal es evitar el tomate procesado y procesarlo vos mism@, así evitas el combo de azúcar, sal, conservantes y colorantes que contienen esas salsas comerciales que supuestamente nos «ahorran tiempo y trabajo» pero no nos aportan salud.

Comienza Septiembre y en breve el calor, el cuerpo ya pide frescura e hidratación… y si lo escuchamos?

 

Lic. Andre Lizarraga

Fuente: Pitchford Paul, «Sanando con alimentos integrales»

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Andrea Lizarraga

Soy licenciada en nutrición (UNC), profesora de danza y de Tai Chi, terapeuta corporal (posgrado en el Instituto de Psicoterapia Corporal), especialista en alimentación plant based (posgrados en alimentación adulta y pediatría), formada en Mindful Eating (formación impartida por Jan Chozen Bays), meditadora, estudiante de Medicina Tradicional China y eterna buscadora de conocimiento y prácticas psico-espirituales.

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