La avena comúnmente está disponible en forma de hojuelas (en copos o arrollada) para su consumo y es utilizada como reemplazo del trigo ya que supone menos inconvenientes en términos de tolerancia. En los últimos tiempos se ha sugerido su consumo por su aporte de energía, fibra y proteínas en relación a otros cereales.
Al igual que otros cereales, legumbres y semillas, la avena contiene sustancias que con frecuencia son llamadas «antinutrientes» (como el ácido fítico y los inhibidores enzimáticos), cuya función es protegerla asegurando que germine. Estas sustancias no son eliminadas por la industria en su proceso de conversión a hojuelas y producen problemas de digestión, ademas de disminuir la absorción de nutrientes.
Cuando remojamos o fermentamos la avena mejoramos muchísimo su digestibilidad y accedemos con mayor facilidad a todos sus beneficios. Una manera de acelerar el proceso de fermentación es usando medios acidificantes que permiten una mayor transformación del cereal.
Este proceso es muy sencillo y a partir de esta receta base (que es de Alex Von Foerster, maestro en fermentación) pueden crear otras como crocantes, galletas, panes y granolas.
Vas a necesitar:
- Avena arrollada (no instantánea): 1 taza
- Harina de centeno o de sarraceno: 1 cda.
- Kéfir de agua, kombucha, vinagre orgánico o masa madre: 1 cda.
- Agua: 1/2 taza
Coloca todos los ingredientes en un bol y mezclalos bien. Tapa con un lienzo o repasador limpio. Luego, deja a temperatura ambiente durante 10 o 12 hs (para remojar) o 2 a 4 días (para fermentar).
Una vez terminado el proceso tenes lista tu avena para cocinar!